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JUEVES 11 DE ENERO DE 2018

Perla Tirabasso: “Lo bueno se agradece y lo malo también sirve”

Trabajadora y luchadora incansable. Sensible e inquieta, ha indagado en varios temas y oficios. Maestra, grafóloga, administradora de micro emprendimientos… siempre con una sonrisa y una energía desbordante. Disfruta de la naturaleza, de sus vecinos y amigos y está presente en cada lugar donde la necesitan.

Perla Tirabasso y parte de la familia

Nieta de inmigrantes italianos, Perla nació el 6 de septiembre de 1959 en Capital Federal. Su mamá, Antonia Filomena Fortunato, era ama de casa y su padre, Lirio Segundo Tirabasso, encargado en un restaurante de Aeroparque.

“Yo  soy la  menor de  2  hermanos, mi hermano Jorge es dos años mayor que yo. Cursé  mis  estudios primarios en escuela Coronel Olavarría, de Villa  Urquiza,  donde  viví muchos  años. Recuerdo que le  pedía a  mi  papá que me  llevara  en auto a  la  escuela como  hacían  otros  niños y en  oportunidades, él sacaba el auto del garaje y me  llevaba”.

Los estudios secundarios los hizo en el Liceo 11 Cornelio Saavedra también de  Villa  Urquiza. Sus recuerdos de esa época la ubican como una buena alumna, a la que le gustaba divertirse mucho.

“Fui una  alumna buena. Y  sí, recuerdo  siempre  que me divertía mucho en el  colegio. Me  encantaba  ir. (Recuerda y sonríe) Mi única  oportunidad  de ser  abanderada fue un día  de  paro  general, donde  buscaban entre los  presentes un candidato. Y así  fue: Yo  abanderada”.  Luego de unos años, ya más  grande, Perla decide  empezar  a  estudiar Maestra  Jardinera y lo hace en el Profesorado de Enseñanza Educación Pre escolar Santa Ana, de Núñez.

A los 29 años se casa con Carlos, a  quien conocía desde los 15 años porque ambos  pertenecían a un grupo de parroquia de acción católica. Tuvieron 4 hijos: Lucía, Santiago, Sofía y Pilar.

“Después de que mis  padres fallecieron, fuí a vivir a Barracas, a cuadras del Parque Lezama, lo que me permitía llegar al centro muy rápido para trabajar como selectora de personal. Después me casé y mi esposo trabajaba en Zona  Norte, era gerente de informática en un laboratorio  y viajaba en el colectivo 60, dos horas de  ida y dos de  vuelta. Eso nos  hizo  pensar en dejar la Capital para  venir a vivir a la provincia”.

Perla y Carlos buscaron varias opciones de propiedades hasta que llegaron a encontrar una “donde la  plata  casi les alcanzaba” en Ingeniero Maschwitz. Era a 40 kilómetros de Capital pero hubo un  detalle prometedor en la  propiedad.

“Tenía un plan Megatel de  17 años  de  antigüedad. Eso me hizo pensar que si  instalaban nuevos teléfonos, estaría cerca. Al menos eso yo creí. El trámite con el gerente, Sr. Dalessandro  de  Megatel / Entel, me llevó unas  cuantas  visitas  presenciales y semanales, hasta que se  dieron por vencidos y me instalaron mi teléfono”.

Perla ya tenía a su hija Lucía y estaba embarazada de su segundo hijo. Había vivido 32 años en Capital, pero vivir en la provincia era bien distinto.

“Acá  aprendí a  manejar. Las calles eran todas de  tierra y si  salías después de  las  lluvias  había  que  saber  por cuáles tomar.  Hasta  que  aprendí a elegir. Mientras  tanto, visité  unas  cuantas  zanjas (rie). En una  oportunidad me caí  en la  zanja  de la cuadra de los  bomberos y ellos  me  auxiliaron.”

Cuando nació Santiago, Perla quería trabajar en algo pero  entendía, al igual que su esposo que “los  primeros  años  de los  chicos  eran los  más  importantes”, así que en  ratos libres preparaba y vendía  tortas caseras a comercios. Pero un día la invitaron a  una reunión de Seguridad.

“Por un robo que habíamos sufrido, decidí vincularme y colaborar con la entonces Cooperadora Policial de Ingeniero Maschwitz. Recuerdo que un día me  llama el entonces Intendente Luis Patti y me dicen que el Sr. De Rossi  quería  verme. Yo pensé en la  gomería  y alguna cuenta sin pagar, pero no!. Era  para  proponerme, por un tiempo, administrar todos  los  gastos, de todas las comisarias del Partido de Escobar. Pasé a ser la tesorera. Era una época donde la idea era controlar el gasto y colaborar con los insumos: pago  a proveedores, compra de repuestos, combustible e insumos. Lo hacíamos a través de una cuenta bancaria. Después pasó lo del “corralito”. Era todo un tema poder sacar el dinero. Al tiempo, prohibieron las cooperadoras y cada comisaria pasó hacerse cargo de sus gastos. Entonces creamos la Asociación Amigos de la cooperadora, pero nos juntábamos para ver temas de seguridad. Reclamar en conjunto y ayudar a la Policía en aquello que podíamos”.

Perla es una mujer animosa e inquieta. Una luchadora incansable. Siempre en busca de algo más para hacer.

“Antes de ser maestra, y por tener los chicos pequeños, hice  varios  cursos: huerta  orgánica, lombricultura, producción de  arándanos, grafología,  y administración de micro emprendimientos. Durante una época, con mi socio Gustavo Digón, vendíamos verdura a domicilio, en cajones,  semanalmente. Después  agregamos  verdura  orgánica. También  trabajé en el Jardín de mis  hijos. Hasta que ingresé de suplente en el Colegio San Antonio de Padua y me proponen un taller  nuevo. Elijo cocina  para  chicos, así que cocinábamos y  después probábamos. Cocinábamos panqueques, buñuelos, pizzas, dulces y otros para 150 niños. Fue una  hermosa  experiencia, era una marea, pero muy  divertida”.

Más adelante, cuando los chicos  iban creciendo, Perla tuvo la oportunidad de indagar en el tema Constelaciones Familiares.

“Fui a  ver  muchos  talleres, conocí al actual Director de Constelaciones Argentina, el Dr. Miguel Schiavo. Y quedé  atrapada. Me formé. Cuando terminé la  formación, empecé  con mis  talleres en lugares comunitarios como la  Biblioteca de Juan Bautista Alberdi, de  Garín, donde la señora Yoli sólo me dijo: Si le  sirve a la  gente, hagámoslo.”

Perla da sus talleres, además, en Casa  de la  Cultura de  Escobar, en forma  gratuita, y también en otros  centros privados.

“Este instrumento  me  dio muchas  respuestas. Lo que me hizo pensar que también a  otros  podría  serles de utilidad. Las Constelaciones Familiares  amplían  la  mirada y dejan ver algo nuevo, que alivia el alma. Soy una  agradecida de la  vida. Agradezco a mi familia, mi barrio, mis  vecinos, que tienen un lugar muy importante en lo diario.  En los  reclamos conjuntos, en las  risas…  Este lugar hermoso que  elegimos para  vivir, con los  amigos. Pensar que al principio me dio miedo venir a vivir a esta zona. Pero al poco tiempo dije: de acá no me sacan. Vivo feliz, disfruto del verde y sobretodo del trato con los vecinos. Tengo todo. Hago lo que me  gusta. Creo no  tener nada pendiente. Creo que el secreto está  en disfrutar. Porque lo bueno se agradece y lo  malo también sirve”.

 

 

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