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JUEVES 7 DE DICIEMBRE DE 2017

Graciela Mónica Ferretti: Tarea cumplida

Docente de la escuela N°11 “Paula Albarracín de Sarmiento”, le dedicó gran parte de su vida a la docencia. Una historia de vida que habla de la construcción de una vocación del corazón.

Graciela Mónica Ferretti: Un hijo Una nieta Docente

Graciela nació en San Martín, Provincia de Buenos Aires. Desde los dos años vive en Escobar. Su padre decidió edificar acá porque era donde vivían sus hermanos.
“Mi papá era  electricista, trabajaba en Segba (ahora Edenor). Mi mamá era ama de casa. Como era hija única, fui bien malcriada” -dice riendo, y continúa: “Hice la primaria en la escuela  Nº 14 y la secundaria en el colegio Santa María, y me recibí como Maestra Normal  Nacional en el año 68.”
“La gordi”, como la llaman cariñosamente las compañeras, se casó en el año 71, con Oscar Vuillermin, isleño. Él trabajaba como herrero en la escuela de hermanas cuando Graciela era estudiante. En el año 72, nacía su único hijo. “Quedó como hijo único, para malcriarlo. Como me malcriaron a mi” – dice. De sus años de adolescente recuerda: “Hacíamos competencias con chicos de otras escuelas, e incluso de otros distritos, como Pilar. Además, participaba del coro de la iglesia. Después salíamos a andar en bicicleta. En esa época se podía disfrutar de la calle, era totalmente distinto. De más grande iba a bailar a Kabuki, donde venían muchachos de todos lados, también íbamos a Boca del Tigre y disfrutábamos de los corsos. Entonces era todo muy familiar. Era todo tan lindo en esa época ¡viste?”
Actualmente es docente de la escuela N°11, Paula Albarracín de Sarmiento, y espera su jubilación para dentro de unos meses. Graciela comienza a ejercer como maestra en la escuela Nº 12, del barrio Lambaré, de Ingeniero Maschwitz. “Todavía era la escuelita vieja, chiquita, frente a la placita del barrio. Recuerdo que era una comunidad numerosa. Era de primero a sexto. Después pase por la escuela Nº 13, la Nº 16, y a la escuela Nº 7, donde estuve poquito tiempo y después estuve 4 años en la escuela Nº 21, de Maquinista Savio.  Recién abría la escuela. Cuando mi hijo empezó la primaria, decidí no trabajar para ocuparme de él y ayudarlo. Pero un día vino Diosma, la chica que nos anotaba en el Concejo Escolar porque había una oportunidad para trabajar acá.  Me terminé de enamorar de la idea cuando supe que la directora era “Pichi” Fateche. Entonces empecé como suplente en el año 77”.
Al comienzo la escuela estaba ubicada sobre un terreno prestado en el Canal de las Rosas. 
“Era una casillita donde funcionaban dos grados separados por un tabique. Abajo había una habitación grande, en un costadito estaba la cocina y en un aula, con las placas de Coindel, había dos bañitos. El agua se sacaba con bomba del río. O sea que, cuando no había energía, íbamos con baldes a buscar al río.”
Graciela recuerda que eran grupos reducidos de alumnos. Ella tenía a su cargo 4to ,5to y 6to. “Éramos maestras rurales “rurales”. Después estaba la directora,” Pichi”, con grado a cargo, y una maestra más. Vinimos a trabajar acá, donde ahora está la escuela, en el año 80. Fue toda gestión de Pichi. Era una grosa. Estos eran terrenos fiscales, ella los solicitó para poder empezar a edificar la escuela. Lo hicimos con la dirección de Vieytes, ya que su esposa era una de las maestras. Primero era chiquita con pocos salones, después a través de los años se fue ampliando con la ayuda del Cube.”
A la escuelita del Cube” o “del Lago”, como también la llaman, van chicos de todas las localidades del distrito. Ahora cuenta con 10 grados. Funciona de primero a sexto y la secundaria que es independiente. Ya a punto de jubilarse, Graciela empieza a despedirse de su carrera, de sus compañeras y de sus alumnos.
“Como dicen las chicas, hay que dejar de madrugar, hay que hacer otras cosas. Seguir otro rumbo. Mi nieta Leila me va a necesitar porque está haciendo la secundaria. Sé que voy a extrañar. Pero lo más importante es el grupo de amigas de esta escuela. Es un grupo muy lindo, de hace muchos años. Fueron mi pilar cuando Oscar falleció. Es muy linda la relación que hay entre nosotras. Más que compañeras somos amigas. Así que me jubilo sabiendo que la amistad va a seguir fuera de escuela. Me encantan las reuniones así que vendrán a casa a tomar unos mates o comer unas pizzas. Igual voy a volver cada tanto a cebarles mate. Después de tantos años, siento que la escuela es mía. (ríe). Hasta acá llegue. Se va a extrañar, pero tarea cumplida”

 

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