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VIERNES 10 DE NOVIEMBRE DE 2017

Por los ciclos de los ciclos

Por "Nacho" Goano


Hoy estará jugando la selección argentina de fútbol en Rusia, frente al seleccionado local comenzando la verdadera preparación para la cita mundialista del año venidero. Será bajo un marco bien diferente al último cotejo que le viéramos jugar frente a Ecuador donde, por momentos, se vivieron momentos de épica medieval o fantástica y que hoy, al ver hacia atrás, nos damos cuenta que era cuestión de sacarse algunos complejos de encima y tan solo jugar. En definitiva; se tratará ahora de administrar en la abundancia de tranquilidad que es donde más cómodo se siente éste equipo. Ahora pregunto ¿Cuántos partidos nos quedan de Messi en la selección? Veamos primero que es lo que tenemos por delante en el futuro inmediato, cortoplacista si se quiere, y en el mediano plazo. 
Tendremos un puñado de amistosos (algunos serán muuuuy amistosos) hasta el viaje a Moscú del año próximo y la Copa América de Brasil 2019. Todo esto en poco más de año y medio. Por edad casi no habría inconvenientes ya que para el final de la Copa América carioca Lío va a tener 32 años; cruzando los dedos y tocándonos alguna parte del cuerpo pareciera que tendría cuerda para afrontar como líder y capitán, todos los compromisos que tenga la selección hasta ese entonces, pero pesará sobre él la cruz de poder ganar algo de más peso que una medalla olímpica con la celeste y blanca.
En la historia del fútbol argentino, por lo menos desde la reestructuración llevada adelante por César Luis Menotti allá a mediados de los 70´s en adelante, tuvimos la suerte de contar con algún ancho de espadas que, además de tratar de llevarnos a ganar lo que se pueda, también perseguía una ambición personal que no está para nada mal cuando se trata de caracterizar a un deportista diferente. La realización personal de los atletas de equipo, en diferencia a los individuales, no debiera significar un rasgo de egoísmo, sino uno de superación constante. Ginóbili, Lucha Aymar, Agustín Pichot son claros ejemplos de lo que estoy tratando de explicar. Pero cuando se pone la lupa encima de sus períodos dentro de sus respectivas selecciones, se suele creer que sus ciclos terminan cuando se van o cuando ya dejan de ganar, sin observar cuál fue su legado. Muchas veces, y ya no solo en el deporte sino también en la vida, es bueno poder tener un lugar desde donde poder tomar impulso. El básquet, el hockey y el rugby argentino, fueron disciplinas que, a partir de lo hecho por quienes nombré recién, se fue construyendo una modalidad de trabajo que trasciende los logros. Es verdad que no habría habido un Manu sin un Cortijo o un Tola Cadillac, una Lucha sin una Vanina Onetto o un Pichot sin un Hugo Porta y el rosario podría llegar hasta más atrás en el tiempo aún; pero en el resultado obtenido se pudo tomar impulso. 
En estos días se habló mucho del “fin de ciclo” de Gallardo en River solo por quedar fuera de la definición en semifinales de una copa Libertadores. De una forma brutal, es cierto, pero si Lanús no pudiera coronar su buen juego, estrategia y esfuerzo frente a Gremio en la final del torneo continental ¿Hablaríamos de fin de ciclo para Jorge Almirón?
No se pueden observar en los ciclos solo los mojones de éxito como principio o fin de los mismos. Los únicos ciclos que terminan, son los que no dejan legado.
Ojalá tengamos todos un gran fin de semana.

 

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