Indio Solari en Olavarría: mezcla de alegría y tristeza

Indio

El último sábado tuve la posibilidad de vivir mi octavo recital del ex cantante de Los Redondos. En este caso fue en Olavarría, ciudad con 120.000 habitantes aproximadamente, que recibió casi 300.000. El intendente dijo que esperaban 170.000. Error, ya que en Tandil hubo casi 200.000, es imposible que a este fueran menos.
Salimos de Escobar el viernes cerca de las 23.00, sabiendo que el grueso de gente ya estaba acampando o llegaría el mismo sábado por la tarde. Pero la ruta estaba bastante cargada. Eso ya era un síntoma de lo que se iba a vivir. Llegamos casi 14 horas después. Era todo normal, lo que viví en los recitales anteriores, gente por todos lados, caminando, cantando, haciendo asados, socializando. Los micros quedaron muy lejos, hubo que caminar muchos kilómetros. Lo raro fue que a medida que íbamos acercándonos al predio se veían muy pocas señales que indiquen hacia dónde había que ir de acuerdo a la puerta donde ingresaba cada uno. Recién en la primera entrada al lugar se vieron un par de carteles, allí comenzamos a caminar pero guiándonos por el resto de la gente. Los primeros controles fueron normales, nos pedían “entrada en mano”. El último fue el más exhaustivo, en el cual nos cortaron la entrada y nos revisaron las pertenencias.
Una vez adentro me sorprendió ver a gente que había ingresado bebidas y comida (cuando supuestamente no estaba permitido). Pero eso ya había ocurrido antes. Pero lo peor fue que en el show se vieron muchas bengalas y pirotecnia. Ahí obviamente fallaron los controles.
En el predio se vendía comida (hamburguesas, choripanes, garrapiñadas, palitos salados, bebidas, cerveza, gaseosa, agua) para matizar la espera. Desde el lugar donde estaba viví lo de siempre: algunos empujones en el pogo, pero no mucho más. Se podía estar, había espacio.
El show propiamente dicho comenzó cerca de las 22.00, con la clásica voz del Indio en off diciendo “Damas y caballeros, Los Fundamentalistas del Aire Acondicionado” y la gente explotó con los primeros acordes de Barbazul vs el amor letal, canción de la época de Los Redondos. Siguieron algunos temas de su etapa solista, hasta que llegó el turno de Ropa Sucia, otro clásico ricotero. Allí el cantante pidió que canten con él.
Pero a partir de ahí cambió todo, Solari pidió a los gritos que ayuden a gente que estaba tirada cerca del escenario. Se lo pidió al público y “retó” a la seguridad y Defensa Civil. Estaba muy enojado, luego dijo a los “20 borrachines” que vayan para atrás y no molesten a los demás. Parecía algo más serio, pero eso solo pueden saberlo los que estuvieron en esa zona. Desde atrás no se podía observar nada de eso.
Dije que todo cambió y no solo fue por esos pedidos, el semblante del Indio mutó por completo. Solo se limitó a cantar, casi no hubo comunicación con el público y se notaba que lo ocurrido le pegó mucho. Me quedo con el final, se fue sin saludar y no estuvieron los clásicos fuegos artificiales. Se veía que algo raro (grave) había pasado.
A medida que avazanzaba el show dijo algunas cosas, como que todavía hay muchos nietos desaparecidos y por eso pidió que los que tengan dudas sobre su identidad se acerquen a Abuelas de Plaza de Mayo. Casi sobre el final también tuvo duras palabras para el Gobierno de Macri, sobre el proyecto de baja de la edad de imputabilidad. Dijo que le parece una locura y que “el Estado primero debe ser social y luego penal. Nunca al revés”.
El título dice que fue una mezcla de sensaciones, la alegría fue porque en el lugar donde estaba el sonido era aceptable (muchos se quejaron de que se escuchaba muy mal, más allá de las 15 torres de sonido) y por la lista de temas. No faltaron clásicos ricoteros como los antes mencionados, Esa Estrella era mi Lujo, Etiqueta Negra, Todo Preso es Político, Nuestro amo juega al esclavo o el cierre con Ji Ji Ji enganchado con Mi perro dinamita, entre otros. Y varias canciones de su etapa solista que no toca tan seguido.
La tristeza ya es conocida por la noticia de la muerte de dos personas, varios heridos e internados, y la búsqueda de muchas otras (algo también común los días posteriores a los recitales). Pero insisto en que algo raro se veía en el ambiente, poca seguridad antes de ingresar, lo dicho antes de las señales y una salida caótica. Una sola para 300.000 personas que terminó en algunos tumultos, calles cortadas sin sentido, policía que solo respondía a las preguntas de la gente por diferentes calles en vez de ayudar con un operativo para poder descongestionar el lugar. Y después lo de siempre, hacer “malabares” para llegar a los micros, perder gente en el camino, esperar horas para salir de la ciudad.
Para el cierre me quedo con una frase del Indio: “Así no me dan ganas de seguir. Y no vengan con banderazos y esas cosas”. Definitivamente parece el final de las “misas”, duele pero sería lo más sensato. Esto ya no puede manejarlo ni él ni su entorno.
“Es tan triste esta vez que no puedo hablar…”.

Fernando Drangosch

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